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Sonidos bélicos construyendo Europa

Como hemos podido comprobar en repetidas ocasiones en El Octavo Historiador, la Historia es una habitual fuente de inspiración para la música. Un curioso ejemplo es Europa, canción de Globus, un conjunto musical británico creado en el año 2006 por la productora Immediate Music, especializada en realizar composiciones para trailers de películas. El primer trabajo de este peculiar grupo es Epicon, en donde está incluida la canción a la que aquí nos referimos, y que a nivel musical podríamos encuadrar en rock sinfónico, el metal sinfónico o la música épica.

 

En esta Europa, Globus hace un recorrido por la Historia del Viejo Continente, centrándose en algunas de las más importantes batallas que han tenido lugar en él. Sin embargo, y como sucede en todo el mundo audiovisual, vemos que hay un claro sesgo por el que a los compositores les parecen más interesantes determinados períodos históricos y ámbitos geográficos: quizás lo primero que llame la atención a quien lea la letra es que en la alabanza que se hace a Europa no hay referencia alguna a acontecimientos de la Antigüedad, pese a que buena parte del continente estuvo unificado políticamente en época romana. Más presencia tiene el Medievo, aunque casi siempre vinculado a dos territorios, Gran Bretaña y Francia (las batallas de Poitiers o Bannockburn y conflictos como la Guerra de las Dos Rosas y la Guerra de los Cien Años), salvo en la referencia a la caída de Bizancio y al amplio fenómeno del feudalismo. Nulo protagonismo tiene en la canción, sin embargo, la Época Moderna, en contraste con los conflictos de la Edad Contemporánea; una constante en la composición. Pero también en lo referente a este período histórico nos encontramos diferencias significativas temporal y espacialmente: del siglo XIX solo nos encontramos las referencias a las dos batallas que más nos remiten a la figura de Napoleón Bonaparte, Austerlitz y Waterloo, que significaron sus mayores victoria y derrota respectivamente. Ya en el siglo XX, apenas un episodio de la I Guerra Mundial, la batalla de Gallipoli, y otro de la Guerra Fría, la construcción del muro de Berlín. Y entre medias, el conflicto que se lleva la palma en esta canción, la II Guerra Mundial, y no solo por la referencia a bolcheviques y fascistas (incluida la Marcha sobre Roma de Mussolini y sus camisas negras en los años veinte): la Blitzkrieg alemana que permitió la rápida caída de Francia, las cruentas batallas de Leningrado y Stalingrado en territorio soviético, el bombardeo sobre la ciudad de Dresde, etc. Como podemos ver, todos estos hechos tuvieron lugar en el Occidente o estuvieron protagonizados en buena medida por países de Europa Occidental.

También hay que señalar que en Europa se hace una loa al Continente y se contrapone a un nuevo enemigo exterior (los versos referidos a aquellos que vuelven con bombas en su pecho o al nuevo califato no ofrecen duda de que este sería el integrismo islámico), aunque eso es objeto de otro análisis, al igual que el alegato final por el fin de los conflictos internos.

Por todo lo expuesto, comprobamos cómo hay una parte de la Historia que tiene bastantes más posibilidades de aparecer reflejada en el audiovisual, y normalmente Occidente y determinados períodos son los más “populares”. Por supuesto, esto no es algo necesariamente negativo; a fin de cuentas toda presencia de la Historia es algo positivo, y también nos puede llevar a preguntarnos el por qué (en este caso, el productor es británico, por lo que resulta comprensible que su Historia particular le resulte más interesante o esté más dispuesto a reflejarla en esta composición). Asimismo, es curioso que en la canción solo haya lugar para acontecimientos bélicos. Quizás, nuevamente, estos temas resulten más llamativos, o tal vez pueda ser un fiel reflejo de la conflictividad constante de estas tierras. En todo caso, siempre es de agradecer que la música no sea ajena a la Historia, y que esta sea una constante fuente de inspiración para canciones, y más si suenan tan bien como esta Europa de Globus.

Vídeo de la canción:

Eurovisión y las canciones con Historia: Efeméride de mayo

Esta noche se celebrará el certamen musical más longevo y (todavía en emisión) del mundo, Eurovisión. Y para conmemorarlo, el Octavo Historiador le va a dedicar la efeméride del mes de mayo.

El festival de Eurovisión surgió en 1956, pocos años después de la creación de la Unión Europea (1951/1957), (Quintanilla, 2005: p. 123). Se basó en el Festival de la Canción de San Remo, que se llevaba celebrando en Italia desde 1951. Desde sus orígenes, se han presentado innumerables canciones de muy diversas temáticas, pero lo que aquí nos atañe, son las que nos hablan de Historia. Debido a la enorme cantidad de temas, solo veremos las ganadoras que tuvieron temática histórica.

Hagamos un repaso de cuáles son de este tipo:

1969: De Troubadour por Lenny Kuhr. La canción representante de los Países Bajos nos habla de un trovador medieval y lo que su música le hace experimentar a los que la oyen. A pesar de ello, no especifica ningún año en concreto, ni habla de ningún personaje real. El estilo de la música, evoca en cierta medida, la época sobre la que nos canta.

1974: Waterloo por ABBA. La muy conocida canción del grupo sueco ABBA también tiene temática histórica. En ella nos comparan la rendición de Napoleón en la Batalla de Waterloo en 1815, que enfrentó al Imperio francés contra la Séptima Coalición, con la rendición de una chica a las peticiones de su amado. A modo de curiosidad, el director que llevó la orquesta durante la actuación del grupo en Eurovisión, iba vestido como Napoleón Bonaparte.

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Fig. 1: ABBA, junto a su “Napoleón”.

1982: Ein bißchen Frieden por Nicole Hohloch. Este tema enviado por Alemania al certamen no habla exactamente de algo histórico, pero es, en parte, reflejo del momento en que se sitúa. En la letra, la cantante pide paz para el mundo, paz para unos años llenos de guerras (la Guerra Fría, la Guerra de las Islas Malvinas, la invasión de Irán por Irak), además de varios atentados y masacres que venían sucediendo desde los 80.

1990: Insieme: 1992 por Toto Cutugno. El título, y la canción en sí, se refiere al (en su momento) futuro Tratado de la Unión Europea, que se firmaría en el año 1992. La letra también habla de que Europa debe estar unida.

1998: Diva por Dana International. Este tema de Israel no es exactamente histórica al uso. Habla sobre mujeres poderosas y menciona el nombre de algunas de ellas, como Cleopatra, última reina de la dinastía Ptolemaica, así como de la diosa griega Afrodita y la romana Victoria.

2016: 1944 por Jamala. Ucrania. Es la más reciente de todas, al ser la ganadora del festival el año pasado. En el momento de su presentación, lo que más se destacó de dicha canción fue su trasfondo, que trata sobre la deportación de los tártaros de Crimea por la URSS. La cantante (y también autora) se basó en las vivencias de su bisabuela, la cual experimentó dicha expulsión.

Como podemos ver, de las 65 canciones ganadoras, solo un total de 6 tratan la Historia, y algunas de ellas con ciertas reservas. Muy pocas para la cantidad de canciones que hemos visto. Esto se debe, en parte, a la prohibición que hay sobre la inclusión de temáticas políticas en las canciones, que suelen afectar anualmente el cambio de las letras de algunas de las elegidas para representar a su país. Ejemplo de esto fue el Chiki-chiki de Chikilicuatre, que representó a España en 2008.



Bibliografía:

Miguel Ángel. (2005). Eurovisión. Cuadernos de pensamiento político FAES, Nº 7 , 119-138.

Enlaces de interés:


[Imágenes extraídas de: http://7www.ecestaticos.com/ y https://ogaespain.files.wordpress.com/]

Buscando a Carmen Sandiego… encontramos Historia

Mucho se ha escrito sobre la necesidad de acercar la Historia al público en general, y especialmente a los más pequeños. Un caso paradigmático es el de Carmen Sandiego, una franquicia multiplataforma en donde la Geografía, el Arte y, por supuesto, la Historia, tenían un papel clave. Su primera aparición fue en 1985, con el videojuego Where in the World is Carmen Sandiego?, al que siguieron otros títulos (Where in the USA is Carmen Sandiego?, Where in Europe is Carmen Sandiego?, Where in Time is Carmen Sandiego?, etc.) en los que el jugador necesitaba seguir una serie de pistas y responder preguntas para atrapar a la villana protagonista, Carmen Sandiego, una ladrona siempre vestida con un abrigo y un sombrero rojos. El éxito de estos videojuegos llevó a la aparición de libros y cómics, así como concursos televisivos para niños (TVE estrenó en 1995 ¿Dónde se esconde Carmen Sandiego?, de vida efímera) y, sobre todo, la serie de animación Where on Earth is Carmen Sandiego? (1994-1999), en España titulada En busca de Carmen Sandiego, emitida por La 2 poco después de su estreno en EE.UU.

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Es esta serie -que consta de cuatro temporadas, de diez episodios cada una- la que hizo más conocida esta franquicia en España, y la que posiblemente a más niños les supuso un primer acercamiento a la Historia en el ámbito audiovisual. La acción se presenta como parte de un videojuego para ordenador al que está jugando el único personaje no animado (conocido simplemente como “El Jugador”), que será el encargado de seleccionar qué detectives deberán perseguir a Carmen Sandiego, así como de llevarlos de manera instantánea al lugar al que le indiquen las pistas. Los detectives en cuestión son dos jóvenes hermanos, Ivy y Zack, los más destacados de ACME, una agencia de detectives para la que la propia Carmen había trabajado antes de fundar la organización criminal M.A.L. y dedicarse a robar obras de arte y demás objetos valiosos. El superior de los detectives es J.E.F.E., una cabeza parlante en una pantalla, que además de proporcionar información, ejercía de contrapunto cómico. En cada episodio, Carmen comenzaba cometiendo un importante robo con la ayuda de sus esbirros, tras lo cual Ivy y Zack eran enviados al lugar de los hechos para recabar pistas, en ocasiones puestas voluntariamente por la ladrona -ella se planteaba la persecución como un desafío. Era habitual que los escenarios del robo fueran importantes museos (fácilmente distinguibles por la representación de sus fachadas y sus elementos más característicos), y las pistas que les llevarían al siguiente lugar donde podría hallarse Carmen, eran tan variadas como monedas de algún determinado país, acertijos, imágenes de otras obras de arte y un largo etcétera. Para poder afinar más en la localización, el J.E.F.E. les mostraba a los detectives abundante información sobre el objeto robado -estilo artístico al que pertenece, época en la que se realizó, curiosidades…-, las biografías de personajes relacionados, algunos usos y costumbres de los países de destino, etc. Eran constantes las referencias a la Historia universal, ya que la ladrona tenía especial gusto por objetos procedentes de culturas de diferentes épocas y lugares da bastante pié a ello. Y en cuanto a la Geografía está, si cabe, aun más presente.

Por todo ello, la franquicia de Carmen Sandiego y, especialmente, su serie de televisión, constituye un interesantísimo recurso para los más jóvenes. Casi sin querer, la persecución de la villana de rojo por todo el mundo permite hacer un primer recorrido por la Historia del Arte y algunas de sus obras más representativas (pinturas rupestres, escultura monumental antigua, catedrales medievales, pintura contemporánea…), por la vida de personas ilustres, por hechos históricos trascendentales, por la cultura y su dispar evolución, etc. Es inestimable el valor de producciones como esta, y quizás sea útil rescatarlas del olvido, ya que a día de hoy pueden ser útiles en esta función educativa y divulgativa. Por ello es, sin duda, muy buena noticia el reciente anuncio de que Netflix prepara una nueva serie de animación basada en este carismático personaje.

Lobezno, un paseo a través de la inmortalidad

La inmortalidad es un tema recurrente en la ciencia ficción. Deseada y codiciada por muchos, se convierte a menudo en un relato involuntario de nuestra propia historia, testigo del paso del tiempo y argumento de fondo para mostrar la evolución de uno u otro personaje. Obras como Drácula, con su sempiterno vampiro, o Los Inmortales – The Highlander en versión original – son muestra de esta circunstancia, permitiéndonos, normalmente a través de flashbacks, “revivir” diferentes momentos históricos en los que el protagonista ha tenido la suerte o la desgracia de vivir.

Lobezno –Wolverine en la versión americana – es otro de estos eternos que se pasea a través de la historia, permitiéndonos vivir, a través de sus vivencias, algunos de los momentos más importantes de la humanidad. En el presente artículo nos centraremos únicamente en el análisis de las dos primeras películas en solitario de este personaje, X-Men orígenes: Lobezno y Lobezno Inmortal, vagamente basadas en los cómics y enormemente vapuleadas por la crítica. Por el contario, omitiremos la más reciente de sus apariciones cinematográficas, Logan, debido a la ausencia en la cinta de datos de carácter histórico, al desarrollarse en un futuro distópico. Así mismo, no se tendrán en cuenta el resto de films de la franquicia X-Men, que en algunos casos – véase Primera Generación, Días del futuro pasado y Apocalipsis – permitirían un análisis sobre los años 60 y 70 de siglo pasado o incluso de los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Lobezno, un paseo a través de la inmortalidad

Después de los charlies, un gran simio: King Kong tras Vietnam

Ficha técnica:
Título: Kong: La Isla Calavera
País: EE.UU.
Año: 2017
Director: Jordan Vogt-Roberts
Reparto: Tom Hiddelston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, Toby Kebbell, John Goodman, etc.

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Si pensamos en qué tipo de película no nos encontraríamos nada referente a la Historia, sin duda encajaría una cuya trama gire en torno a un simio gigante enfrentado a militares y criaturas extrañas. Pero no. Es el caso de la recientemente estrenada Kong: La Isla Calavera, un reboot de la historia de King Kong, el simio más famoso del cine. Aunque buena parte del argumento no tiene nada que ver con la Historia, sí hay varios aspectos de la ambientación que hacen referencia a sucesos bastante relevantes en el devenir del siglo XX.

La trama se desarrolla en los instantes finales de la Guerra de Vietnam, uno de los conflictos más destacados de los años de la Guerra Fría. La importancia de ese contexto se evidencia en que si autorizan la expedición a una isla desconocida hasta ese momento, es por miedo a que sean los soviéticos los primeros en descubrir qué se halla en ella -por aquel entonces estaban desarrollando ambas superpotencias nuevas tecnologías, entre ellas satélites que permitían un mayor conocimiento de la superficie de la Tierra-, muestra evidente del clima de profunda rivalidad y tensión existente. El momento en el que se inicia la expedición coincide con el anuncio, por parte de Richard Nixon, de la retirada de las tropas estadounidenses del territorio vietnamita tras los Acuerdos de París de enero de 1973 -de hecho, en una televisión aparece un breve fragmento del discurso del Presidente-. Aunque este hecho fue recibido con júbilo por el movimiento pacifista y por buena parte de los soldados movilizados, como se refleja en Kong: La Isla Calavera, la reacción no fue unánime, ya que podía ser interpretada como un síntoma de debilidad de los EE.UU. Oficialmente se defendía que la guerra no la habían perdido -pese a que los comunistas norvietnamitas se encontraban en mejor situación-, sino que se había abandonado (así lo señala en el film el teniente coronel Preston Packard). Y todo ello, mostrado al mundo en buena medida gracias a un fenómeno cada vez más importante, como es el fotoperiodismo, que ayudó a que la guerra y sus consecuencias llegaran a un público mucho mayor, gracias a la labor de fotógrafos como una de las protagonistas de la película, Mason Weaver.

Por tanto, si bien es evidente que bajo ningún concepto se podría considerar Kong: La Isla Calavera como un largometraje de tipo histórico, la decisiva importancia de hechos destacados del pasado como desencadenante de la trama -y la habituales referencias a sucesos y procesos de la época- señala que podemos encontrar Historia hasta en los más insospechados rincones del audiovisual y la cultura popular.

Guyana se tiñe de sangre: la masacre de Jonestown, narrada por Manowar

Un 18 de noviembre de 1978 más de 900 personas yacían en el suelo en Jonestown, sede del “Peoples Temple”, una comunidad religiosa dirigida por Jim Jones. Acababa de tener lugar un suceso considerado como el mayor suicidio en masa de todos los tiempos, aunque quizás fuera más exacto considerarlo un asesinato. Estos hechos generaron un fuerte impacto en la sociedad estadounidense, de donde procedía aquel grupo, y pronto quedaron reflejados en el mundo audiovisual. Uno de los ejemplos más destacados es la canción Guyana (The Cult of the Damned), incluida en el disco Sign of the Hammer, lanzado en 1984 por Manowar, uno de los grupos más conocidos y paradigmáticos del heavy metal norteamericano.

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La historia del Templo del Pueblo arranca en Indiana, cuando Jim Jones, un joven defensor de la igualdad racial vinculado al Partido Comunista estadounidense, funda el Templo del Pueblo, una comunidad protestante acorde a sus ideas. Pronto se traslada a San Francisco, donde va adquiriendo mayor notoriedad; pero ante las sospechas de que algunas de sus actividades eran delictivas, Jones decide fundar un asentamiento en Guyana, donde llevaría a cabo un proyecto de comunidad socialista bajo su control. Allí le acompañaron centenares de seguidores, en buena parte afroamericanos. En Guyana (The Cult of the Damned) se hace referencia al duro trabajo de la tierra en aquel asentamiento tropical, siempre bajo el férreo control de Jim Jones, que detentaba un poder absoluto y trataba de evitar a toda costa cualquier deserción –lo vemos en versos como (…) we all worked the land, too afraid to look up, we all feared his hand (todos trabajábamos la tierra, demasiado asustados para buscar, todos temíamos su mano); Were you a God or a man in a play, who took our applause and forced us to stay? (¿Eras un dios o un hombre actuando, quien consiguió nuestro aplauso y nos obligó a quedarnos?), etc.-. Pero las noticias llegaron a EE.UU., y el congresista Leo Ryan fue enviado a Jonestown a investigar. Cuando se disponía a regresar, junto con algunos disidentes de la comunidad, fue asesinado, e inmediatamente Jones optó por ejecutar lo que él consideraba un último “acto revolucionario” contra el sistema: un suicidio en masa. Todos los miembros de la comunidad fueron obligados a ingerir cianuro potásico diluido en una bebida dulce (en la canción se refleja la creencia popular de que fue con Kool-Aid: Thank you for the Kool-Aid, Reverend Jim (Gracias por el Kool-Aid, reverendo Jim). De hecho, drink the Kool-Aid pasó a ser una frase hecha que significa “aceptar hacer algo negativo por sentirse presionado para ello”). Los primeros en fallecer fueron los más de 200 niños, a los que se obligó a beber el veneno, siguiéndole después el resto, si bien Jim Jones falleció por un disparo –Now all together we lived as we died, on your command, by your side; Be good to the children and old people first, hand them a drink, they’re dying of thirst (Ahora todos juntos como hemos vivido como hemos muerto, a tus órdenes, a tu lado; Sed buenos con los niños y los ancianos en primer lugar, dadles una bebida, que están muriéndose de sed); etc.-.

Como hemos visto, la masacre de Jonestown tuvo un impacto importante en la cultura popular estadounidense, y este tema de Manowar es una muestra más del interés que generaron esos sucesos, que también se han visto reflejados en otros elementos del mundo audiovisual (música, cine, etc.). A fin de cuentas, es habitual que los episodios más oscuros sean los que más focos acaparan.

 Enlace a Guyana (The Cult of the Damned), de Manowar:

Un repaso al Siglo XX con Mortadelo y Filemón

Ficha técnica:

Título: Siglo XX, ¡qué progreso!

Autor: Francisco Ibáñez

Año: 1999

Editorial: Ediciones B

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Dentro del cómic español, las aventuras de Mortadelo y Filemón ocupan, sin lugar a dudas, un lugar muy destacado. Las tiras cómicas creadas por Francisco Ibáñez y protagonizadas por los dos famosos agentes de la T.I.A. han tenido gran popularidad desde su aparición, allá por 1958, hasta la actualidad. Aunque estas historietas sean de tipo humorístico, el gusto del autor por insertar muchas de sus historias en sucesos de actualidad, junto con el amplio lapso temporal en el que se han estado publicando, hacen que haya innumerables elementos históricos en estos cómics. Sin embargo, en esta reseña nos vamos a centrar sólo en el álbum Siglo XX, ¡qué progreso! En él, Mortadelo y Filemón hacen, en compañía de Ofelia y el profesor Bacterio, un recorrido por toda esa centuria tras haber fallado un invento del profesor, que pretendía viajar al futuro.

Los personajes aparecen en el París de 1900, coincidiendo con la Exposición Universal, y desde allí se van desplazando por el globo mientras el calendario avanza a gran velocidad: sufren numerosos episodios cómicos en conflictos como la I y II Guerra Mundial, la Revolución Mexicana o la Guerra Civil española; desencadenan por error acontecimientos como la Guerra Ruso-Japonesa, el gran incendio de San Francisco, el hundimiento del Titanic, el asesinato de Kennedy, etc. Todo ello, repasando por el camino un buen número de inventos aparecidos en el siglo XX, como el cine sonoro, la lavadora, la aviación –el vuelo de los hermanos Wright-, los tanques, los perros guía, la cámara de gas, la olla a presión, la bomba atómica, las tarjetas de crédito, el ordenador, etc. Seguramente, el importante peso específico que tienen todos estos inventos en Siglo XX, ¡qué progreso! se debe a que se adecúan más al tipo de narración y a los breves gags humorísticos que los asuntos políticos, económicos o sociales, aunque no por ello dejan a estos totalmente de lado. De hecho, Mortadelo y Filemón hacen un repaso por algunos avances en la industria del transporte terrestre, naval y aéreo, por la política de obras públicas keynesiana (el ejemplo del puente Washington), por la cultura popular (cine, música…), se señala el gran cambio de la aparición de una sociedad cada vez más conectada a la red, etc. Los elementos puramente políticos si que tienen una presencia mucho menor, aunque sí aparecen ocasionalmente, mencionando conflictos o dirigentes, y a través de la parodia de nacionales y republicanos en las viñetas referentes a la Guerra Civil.

Así, en esta historieta de Mortadelo y Filemón, Ibáñez nos hace un breve recorrido por toda una centuria de Historia, lógicamente muy condensada (en solo 44 páginas), centrándose más en datos concretos que en procesos complejos. Sin embargo, esto no resta mérito, ya que a fin de cuentas logra reflejar muchos elementos de nuestro pasado de una manera humorística, aun tomándose todas las licencias que el cómic le requiere.