Hegemony III: Clash of the Ancients

Hegemon III: Clash of Ancients es el último videojuego desarrollado por Longbow Games, creadores de las anteriores entregas de esta serie. La primera fue Hegemony I: Wars of the Ancient Greece, ambientada en las Guerras del Peloponeso. La segunda nos trasladaba a la Guerra de las Galias y llevó por nombre Hegemony Rome: The Rise of Caesar. En este caso, la tercera entrega nos lleva hasta la Península Itálica, en un momento histórico no del todo definido, alrededor de los siglos VI o V a.C.

Se trata de un juego de estrategia en tiempo real en el cual podremos controlar a una de las 25 facciones que nos presenta. Estas están divididas en 6 grupos culturales: Etruscos, Sabelios, Galos, Griegos, Ilirios y Latinos, aunque realmente las diferencias entre estos grupos son sólo las unidades militares que pueden reclutar. Una de las curiosidades de este juego es que, a diferencia de otros del género, los soldados están vinculados a la ciudad en la que son creados, por lo que solo podrán recuperarse en ella. Esto genera una sensación de pertenencia a una ciudadanía concreta, que el jugador debe recordar. Además, tendremos la opción de cambiarla en aquellas ciudades que hayamos conquistado. Esto supone una novedad añadida además de la etapa. En los videojuegos ambientados en la antigüedad no suelen explorarse conceptos tan importantes como son el de ciudad o el de ciudadanía.

Sin embargo, pese a estos detalles interesantes a nivel histórico, que consiguen crear una experiencia diferente a la que se suele ver, el juego está lejos de ser perfecto. El principal problema es el habitual en este género: la preponderancia absoluta de los temas bélicos. El principal problema que se desprende de esto es que los demás temas quedan desplazados. A nivel socio-económico el juego no entra más que a presentar la esclavitud como forma de producción. En lo referente a la religión vemos que ha sido obviada por completo, algo inusual en el género ya que se suele mencionar aunque sea de forma superficial. Otro de los aspectos que se ve gravemente perjudicado es el de la diplomacia. Al igual que en otros juegos de este estilo, el apartado diplomático está muy poco trabajado, con unas opciones demasiado limitadas para lo que podría llegar a ser. Además nuestra facción comenzará en guerra con todas las demás del juego, por lo que los primeros contactos con ellas serán agresivos.

En resumen, se trata de un juego con muy buenas ideas, ambientado en una etapa muy poco usual pero que lamentablemente no logra desarrollar la mayoría de los conceptos que presenta. Por otra parte, otras facetas, como la religiosa, quedan excluidas por completo.

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